La diferencia entre ser y parecer
Por Claudio Díaz (Periodista)
Primero y principal: nos hacemos cargo de una parte de la derrota porque votamos a esta suerte de flan que es el kirchnerismo convencidos de que, bien o mal (más de esto que de lo otro), con errores, inconsecuencias y agachadas “doctrinarias”, la Argentina estaba levantando un modelo más o menos aceptable para la decadencia política y social que padecimos desde la muerte de Perón para acá. Si somos sinceros entre nosotros mismos no podemos negar que algunas de las búsquedas, con sus consecuentes logros, encaradas por el matrimonio nos dieron esperanza.
Ahora bien: el mal momento que estamos viviendo desde el domingo a la noche, lo que alimenta esta reacción de legítima bronca, es la comprobación de que los pilares donde se asentaba este pretendido “peronismo progresista” eran más blandos que el flan de la metáfora que hablamos. Pura inconsistencia que fuimos marcando a su debido tiempo durante nuestros encuentros militantes, en los puntos de vista que volcamos a través de los sitios de Internet o en los intercambios de opinión con los compañeros… Por eso, no cabe autoflagelarnos. Porque -salvo los oportunistas que siempre andan dando vuelta para conchabarse en algún puesto de mala muerte- siempre intentamos establecer los límites de este kirchnerismo ciertamente vergonzante que recién se puso a hablar de Perón, por puro oportunismo, en los últimos meses.
Si tuviéramos que resumir algunos episodios concretos de lo que fue el discurso político del matrimonio (y hasta ciertos “rumbos” anunciados) con la acción concreta, nos toparíamos con esa verdad que indica que una cosa es ser y otra muy distinta parecer. En ese aspecto no cabe duda de que el kirchnerismo quiso convertir al peronismo en algo que no es. Y que en la lucha por SER o NO SER, casi siempre pusieron la ficha en este último casillero.
Es verdad que, por temor a escupir el asado, no fuimos lo suficientemente audaces para señalar, EN EL MOMENTO QUE HABIA QUE HACERLO, los intentos de desperonización del movimiento del que dieron muestras sin sonrojarse. Poco antes de las elecciones presidenciales de octubre 07, la candidata Cristina conversó amablemente con Joaquín Morales Solá y le dijo sin vueltas: “El peronismo no sobrevivirá tal como lo hemos conocido en la década del ’40, porque ahora tiene que surgir un nuevo sistema de partidos”. El Richelieu de la colonia lo publicó en la edición de La Nación del 11 de setiembre de aquel año.
Meses antes, el 24 de mayo, durante una entrevista radial que le hizo Magdalena Ruiz Guiñazú, Kirchner ya había dicho: “El mundo evoluciona, las expresiones políticas que respondían a las necesidades y a las ideas que tenían los argentinos durante muchas décadas están en franca crisis y entre ellas está mi propio partido. Yo no tengo ninguna duda y espero poder verlo, como presidente o fundamentalmente como ciudadano, que puedan aparecer expresiones modernas que expresen la realidad de la Argentina y del mundo”.
¿No eran ambas declaraciones una manera de ponerle la lápida al peronismo? Pero apenas si dijimos algo en aquel momento…
El tiempo fue confirmando nuestras sospechas. Y sin embargo seguimos bancando “esto” porque ni atrás ni adelante, ni tampoco a los costados, había otra cosa. O sí: el precipicio liberal.. Que es adonde podemos volver en cualquier momento.
Mientras pensamos cómo salir de esa trampa a las que nos llevaron, debemos decirle a los Kirchner…
* No se puede jugar en política con caballitos de calesita que sacaron la sortija con Menem y Duhalde y después, quemados de dar vueltas y vueltas, se volvieron a subir al carrusel nada más que por apetito material, porque la única ideología que tienen es la del dinero y el poder.
* No se puede hablar de nueva política si la manera de construirla es abandonando la doctrina peronista y la formación de cuadros para en su lugar auspiciar pactos con lo peor “de cada casa”, negociando y arreglando, según las distintas áreas, con personajes siniestros como Daniel Hadad o Luis Barrionuevo.
* No se puede permitir que los nuevos “referentes” de la militancia deban ser Rudy Ulloa, Cristóbal López, Julio De Vido, Ricardo Jaime...
* No se puede depositar en tecnócratas de la política como Alberto Fernández, Sergio Massa o Daniel Filmus el armado de un verdadero movimiento. No se puede insistir con esa visión cholula de la política que pretende que alguien como Nacha Guevara va a cautivar las expectativas de la clase media tilinga y culturosa. Una cosa son los sectores medios que casi siempre acompañaron al peronismo por convicción. Y otra este nuevo lumpenaje clasemediero consumista al que lo único que le importa es el celular o esperar un fin de semana largo para escaparse de Buenos Aires. A la hora de votar, estas “especies urbanas” que habitan en Capital Federal y los barrios más acomodados del conurbano compran el envase original, por más que le disfracemos al nuestro con el mejor glamour.
* No se puede tener como modelo al “socialismo” chileno. Y mucho menos poner como espejo de conducción política a su máximo símbolo, Ricardo Lagos, a quien en 2007 Cristina le pidió en el Sheraton Hotel de Pilar que escribiera un Manual de Conducción Política “por su capacidad para comprender los fenómenos sociales”, tomándole el pelo a los peronistas.
*No se puede (en otro intento de “atracción” al medio pelo) poner a Alfonsín a la altura de Perón y darle categoría de prócer después de la colaboración de su partido con la dictadura y de la repugnante denuncia que “nos metió”, haciéndonos protagonistas de un pacto militar-sindical. Por extensión, fue una estupidez haber confiado en un radical como Cobos la vicepresidencia de la República.
* No se puede (más allá de la buena intención) sacarle plata al campo en una nueva versión del IAPI, con la idea de redistribuir o hacernos de fondos, si después nos sentamos a negociar con Rockefeller y Kissinger, los gerentes del gobierno mundial que auspician para la Argentina ese paisito-granja que le dé comer con la soja a los chanchos chinos, o que a lo sumo produzca alimentos para 300 millones de personas, aunque en la Argentina un tercio de nuestros hermanos no se pueda sentar a la mesa.
* No se puede reivindicar Malvinas y a su vez juntarse con líderes progresistas en Londres. Si puteábamos a Menem porque nos llevaba a la Internacional Liberal, también nos provoca fastidio que nos quieran meter de prepo en la Internacional Socialdemócrata.
* No se puede confrontar con la oligarquía periodística y al mismo tiempo dejar afuera de los medios a la materia gris peronista, al pensamiento nacional, para que la información y las ideas (fíjense lo que son el noticiero de Canal 7, Radio Nacional, Radio del Plata, Télam…) sean manejadas por los ilustrados de living que vienen del progresismo. Y esto, por no hablar del auspicio con pautas oficiales a toda la runfla gorila, de derecha a izquierda, que recibe de 40 a 50 mil pesos por mes para destilar su odio contra el peronismo y el pueblo.
* No se puede querer jugar con la CGT y, al mismo tiempo, darle aire a una Corte Suprema que mete un fallo provocador para quebrar al sindicalismo. O impulsar al segundo lugar en la lista de candidatos a la abogada de los Gordos, por arriba de un verdadero peronista como Julio Piumato.
* No se puede espantar (tal vez por no querer compartir “cartel”) a dirigentes que tienen historia dentro del peronismo para confiar en un grupúsculo honesto pero inexistente de socialistas que, encima, dos semanas antes de las elecciones van a rendirle cuentas a la masonería, y se presentan en el edificio de la calle Perón declarando: “Esta institución hizo el país…” (Oscar González, en Clarín del 10 de junio).
*No se puede hacer uso y abuso de un manejo absolutista del partido, expresión de sumisión y verticalismo típico de patrón de estancia. Y después salir a renunciar con la cola entre las patas, callado y humilde. Que Kirchner se banque la derrota y ponga la cara.
