Cuando los conceptos bailan en la calle


Por Carla Wainsztok

22 de mayo 2010


Para Graciela y Flor


El sábado 22 de mayo a las 11.45 el subte está lleno y se va llenando a medida que nos acercamos al Obelisco. En los coches del subterráneo hay sentimientos de alegría, de emoción. Los pueblos tristes no vencen.


Elías y Malenita esperan que comience el desfile militar, yo estoy con Julieta en el pasto, observando a mi alrededor muchas familias, muchos niños, globos, banderas. Algunas familias toman mate, comen sándwiches que trajeron de sus casas, Juli tiene hambre y le compró un pirulín, ella lo mira extraña, no sabe lo que es pero le gusta. Es dulce, como este mediodía de sábado.


Los sonidos de fondo son un tren que pita cada 20 minutos, las voces y las llamadas de celulares ¿dónde estás?: ¿cómo te ubico? Estoy debajo la ballena, estoy debajo del cocodrilo. Viene un nene de alrededor de 10 años está ansioso, el desfile se hace esperar.


Y llegó el momento del desfile, los niñitos suben a los hombros de sus padres y agitan sus banderas o sus globos. A los sonidos se les suma la Marcha de San Lorenzo.

Juli y yo nos encontramos con Graciela, y así como Graciela cada vez hay más gente en el paseo del Bicentenario. Conversamos, nos reímos, sabemos que estamos en medio de una fiesta, de una fiesta popular. De esas fiestas que a los conceptos y a las academias se les escapan.


Al ratito llega Flor, y ni bien se acomoda termina el desfile, vamos a almorzar. Miles de personas pensamos lo mismo al mismo tiempo, pero no nos preocupa, nos sabemos parte de algo muy grande.


Comemos pizza en cono, y las nenas quieren helado. Mientras esperamos los helados, nos encontramos con Tito, el pintor de mi casa. Si el pintor de brocha gorda, Tito que tuvo que dejar de estudiar en su Montevideo natal para trabajar y finalmente tuvo que exiliarse en Argentina. Tito hoy está de fiesta, sabe que el Bicentenario implica la Patria Grande.


Graciela dice esto es puro consumo interno, Flor piensa en los hechos sociales y yo siento que los conceptos bailan en la calle desde el viernes por la noche y siguen bailando.

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Los ecos de una fiesta popular


Por Rubén Dri

Filósofo, profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)


Una pueblada diferente


Del 22 al 25 de mayo el centro de Buenos Aires fue una marea incontenible de pueblo haciendo estallar sus ganas irrefrenables de festejar, produciendo, de esa manera, una de las grandes “puebladas” que desde mediados del siglo pasado vienen jalonando la historia nacional. Pero se trata de una pueblada “diferente” y si bien cada pueblada tiene su sello particular y es diferente a las otras, ésta lo es de manera especial. En primer lugar, debemos preguntarnos sobre la categoría “pueblo”. Parece que se trata de una categoría borrosa, propia de analfabetos tercermundistas que no entienden que la sociedad está dividida en clases sociales y, de esa manera, mezclan las clases y de un abigarrado de ellas hacen una especie de sujeto denominado “pueblo”. De hecho, diversas agrupaciones políticas que pretenden orientarse con un programa “progresista” se dicen pertenecientes al “centroizquierda”.

Una mirada general a la conformación de las sociedades por el capitalismo en el Primer y en el Tercer Mundo nos hará comprender lo que abarca la categoría “pueblo”. En el Primer Mundo, en su epicentro, allí donde tiene sus raíces, el capitalismo produce una diferenciación clara de clases sociales que se expresan a nivel político, en sus correspondientes partidos. Diferente es su comportamiento en el Tercer Mundo, donde el capitalismo es introducido desde fuera. Aquí las clases se presentan con contornos borrosos, difícilmente articulables en partidos clasistas. La dominación configurada como “oligarquía” se ejerce sobre un conglomerado donde figuran trabajadores ocupados y desocupados, campesinos, villeros, cuentapropistas, empleadas domésticas, trabajadores temporarios, pueblos originarios, comunidades de diverso tipo. Todos estos sectores que sufren las consecuencias de la dominación tienden a conformar el “pueblo”. “Tienden”, porque no necesariamente lo conforman, porque ser pueblo significa ser sujeto-pueblo. Nadie es sujeto sino que se hace sujeto, se crea como sujeto. Esto vale para el sujeto individual y el colectivo, cualquier sujeto colectivo sólo es tal en la medida en que decide serlo. Devenir sujeto, hacerse sujeto, es un proceso continuo, dialéctico. En la medida en que el sujeto deja de hacerse, de ponerse, es llevado por delante, es reducido a objeto manipulable. Las “puebladas” son los momentos en que el pueblo decide dejar de ser objeto, dejar de deslizarse hacia la objetualización y revertir la marcha. Son momentos de refundación.

La historia de nuestro país vista desde abajo es la historia de sus puebladas. Desde mediados del siglo pasado hasta el Bicentenario podemos distinguir cuatro grandes puebladas desde las que el pueblo se rehizo y comenzó una nueva etapa histórica. La primera es la del 17 de octubre de 1945 con que se construye la “nueva Argentina” de pleno empleo, violentamente reprimida en 1955. La segunda tiene lugar en Córdoba, el 29 de mayo de 1969, que inaugura una nueva etapa que triunfa en 1973 y sólo es vencida mediante un verdadero genocidio. Fueron dos puebladas en las que el sujeto-pueblo no sólo ocupaba el espacio público sino que lo hacía con un proyecto, organizaciones y liderazgos capaces de llevarlo a cabo. Diferente es la pueblada que se produce el 19-20 de diciembre de 2001, porque esta vez como en las anteriores se rechazaba un modelo de país, pero no se tenía un proyecto alternativo, no había organizaciones ni liderazgos capaces de encaminar la fuerza popular hacia una construcción positiva. A partir de 2003 con la emergencia de un liderazgo que aparece en forma no prevista, por la ventana, diríamos, comienzan a cristalizar realizaciones que responden a lo que la pueblada había reclamado sin lograr realizar propuestas concretas. Todo el trabajo que habían realizado los movimientos sociales y de derechos humanos, los gremios en los ’90 van dando los frutos esperados.

Llegamos así al 2010, año del Bicentenario, cuando se produce una pueblada completamente distinta. Es la primera en la que no se reclama nada sino que sólo se festeja. Son cuatro días en que un río de pueblo nunca visto inunda el centro de Buenos Aires, festejando, a pesar de la infernal propaganda de la absoluta mayoría de los medios de comunicación en el sentido de que todo está mal y, en consecuencia, de acuerdo en esto con algunos grupos de izquierda, no hay nada que festejar. Un pueblo que, convocado o invitado por el Gobierno, sale a festejar de esa manera, lo hace políticamente. Da risa la torcida interpretación de voceros opositores que interpretan que el pueblo festejando dio un mensaje contrario al Gobierno, diciéndole que no está de acuerdo con su “crispación”. El pueblo bailó, cantó, saltó, dijo a los gritos que está contento, lo que no quiere decir que no tenga críticas o que no hay nada más que hacer. Puede verse la pueblada bicentenaria como la negación de la negación de la pueblada del 19-20 de diciembre del 2001. Esta expresó la utopía en negativo, ¡que se vayan todos! No se trataba en realidad de los individuos que ocupaban los puestos políticos, aunque necesariamente éstos se viesen involucrados, sino de la política neoliberal que había producido el desastre nacional. Ese mismo pueblo, que entonces no encontraba el camino de la recuperación, ahora celebra su encuentro. Si antes reclamó, luchó y fue atrozmente reprimido, dejando treinta compañeros asesinados, ahora celebra por el camino reencontrado, camino que hay que transitar y en muchos aspectos corregir. La lucha seguirá siendo ardua, pero ello no le impedirá festejar.

Nuestra historia siempre estuvo atravesada por dos proyectos antagónicos, uno incluyente y otro excluyente; uno que se mira a sí mismo y este sí mismo es no sólo la patria chica, sino la patria grande latinoamericana, y otro que mira hacia fuera desde la patria chica; uno industrialista y el otro agroexportador. Esos dos proyectos se han mostrado en la pueblada del Bicentenario. Nadie programó que la Presidenta no concurriese al Colón, ni que se realizasen dos Tedéum. La bifurcación se dio por la lógica misma del movimiento. Fue la manifestación de la vigencia de los dos proyectos antagónicos que una determinada “oposición” pretende ocultar con la hipocresía del “consenso”. ¿Acaso la “oposición” expresada por los grandes medios podía festejar, cuando se cansó de repetir que todo está mal, que la inseguridad se ha instalado entre nosotros, que el miedo reina en todas partes?

Lo que bajo la invocación al consenso y a la calidad institucional se quiere ocultar, el pueblo lo ha desocultado, y lo ha hecho de una manera inédita, festiva. Ningún accidente cuando una marea de millones de seres humanos se mueven, se encuentran, celebran, cantan y bailan, es no sólo una maravilla, sino un auténtico milagro que sólo un pueblo feliz puede hacer real.

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La Fiesta Popular


Por Gerardo Codina

Miembro del Consejo Editorial de Tesis11 y del Grupo Tuñon


La calle desbordó. Millones salieron a ser parte de la fiesta. Familias, grupos, solos. Vinieron del interior, de los barrios, extranjeros y porteños. Descendientes de aborígenes, de europeos, de africanos. La emoción y la alegría se adueñaron de la Ciudad. Claro , la ocasión ameritaba despliegue. Doscientos no son pocos años y para un país que todavía se está amasando, que todavía se pregunta por su identidad y su destino, resultaba un buen momento para ver lo recorrido y hacer balance.


Pero la multitud que recorrió las instalaciones de la muestra, no se acercó a reflexionar sino a celebrar. A expresar su alegría. A celebrarnos como pueblo en nuestros diferentes rostros. Quizás su mejor expresión fue la misma Cristina bailando al compás de las murgas que festejaban el retorno de la democracia en el desfile de cierre.


Pero la fiesta no fue sin sentido. Hay que anotar que los temas, los géneros, los intérpretes elegidos para animarla y la serie de ceremonias realizadas, propusieron una lectura de nuestra historia en sintonía con las miradas del movimiento popular del que es parte emergente y constituyente este gobierno desde 2003. Esa visión fue refrendada por la multitud que le puso el cuerpo a la celebración y por quienes siguieron sus diversas instancias por televisión, seguramente millones.


En la batalla de ideas, el Bicentenario fue ocasión de una amplia victoria popular.


El sábado reflexionaba Rubén Dri que en nuestra historia habían ocurrido tres “puebladas”. Tres movilizaciones masivas de los sectores populares; acciones colectivas que tuvieron la capacidad de incidir de manera decisiva en el curso de los acontecimientos políticos. Enumeraba: 17 de octubre, Cordobazo, 19 y 20 de diciembre. Dos de ellas, decía, tuvieron detrás un proyecto que, de alguna forma, impusieron. La última, señalaba Dri, careció de propuesta. Fue el resultado de la imposibilidad de la sociedad que había engendrado el neoliberalismo.


Se pueden indicar otras convergencias: las dos primeras cronológicamente, fueron ante todo organizadas y sustentadas por las organizaciones sindicales. La última, al contrario, surgió imprevista en su capítulo más urbano y sin participación mensurable del movimiento obrero. Importa recordar ahora ese dato porque este proceso político es hijo del 19 y 20.


La fiesta del Bicentenario no fue una ocasión de lucha ni una protesta. Pero si una enorme movilización popular en memoria de la revolución que originó este país. Un pueblo reconociéndose y celebrándose, haciendo suya una mirada de la historia en la que las dictaduras, las Madres, los chicos de Malvinas, Evita, el Che y Perón son hitos significativos junto al cruce de los Andes, los pueblos originarios, la inmigración o el éxodo jujeño y son significados de un modo singular, alejado de la mirada liberal conservadora.


Es difícil hacer parangones con otras movilizaciones populares. La masividad y el clima de lo vivido el 25 rompieron todas las fronteras. Para el futuro, el recuerdo del bicentenario será esta fiesta popular.


Un pueblo no siempre está disponible para festejos, aunque siempre una parte del pueblo lo esté. Lo sabían los romanos. En esta ocasión, la convocatoria llegó hondo en los sectores populares, que la hicieron suya.


Desde temprano, el mismo viernes inaugural, los curiosos recorriendo el paseo, viendo qué había para ver o hacer, haciendo ocio despejado de tensiones, proponían una imagen muy contrastante con la de una sociedad crispada y conflictiva que intentan instalar los grandes cadenas de difusión comunicacional. Ese clima distendido de fiesta popular no fue opacado en estos largos días por ningún hecho violento ni delictivo, pese a los millones de personas involucradas.


La movilización del kirchnerismo no explica el fenómeno. Más allá de que hubo muchos grupos organizados que se expresaron en la calle. Más allá de que la figura de la Presidenta genere simpatías en tantos otros que no participan activamente en la vida política. Sin embargo, quienes se sumaron a las celebraciones estaban avisados de que era una actividad organizada por el Gobierno Nacional y la agradecían. Así, la fiesta se transformó en el hecho más feliz de la gestión de Cristina.


Otra fuerza que se movilizó y habrá que ponderar en sus efectos futuros, es la del orgullo nacional. Orgullo mezclado. Maradona y la selección, la memoria de las epopeyas del pasado, el saberse herederos de gente que tuvo que hacer su destino lejos de su terruño, el talento de los hijos de esta tierra.


El nacionalismo siempre tuvo mala prensa en Argentina. Pero no hay pueblo que pueda forjar su destino sin afirmarse en su identidad, sin poner en valor su propia historia, sus capacidades, su dignidad.


Orgullosos de ser argentinos, en el marco de un destino común suramericano, hermanados con nuestros orígenes, la política traspone el umbral de las razones y encarna en el tejido de las emociones. Tejido donde las ideas se hacen valores.


No importa mucho si fue sin propósito deliberado. O resultó de un plan fríamente calculado. La historia nos sucede, a pesar de nosotros mismos.


Cuando una multitud hace suya la calle se acaban los planes. Quizás estos hechos vengan a rellenar el sin sentido del 19 y 20, y el kirchnerismo pueda encarnar como el nuevo movimiento histórico que anda madurando en nuestro pueblo.

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Los senderos del Bicentenario


El verdadero protagonista - Las comparaciones odiosas - Los debates


Por Lido Iacomini (Movimiento Patria Grande)


El verdadero protagonista


El vuelco de millones de argentinos a las calles para conmemorar el Bicentenario de nuestra Revolución de Mayo podría haber hecho exclamar a Mao o al mejor Perón que los pueblos son los verdaderos protagonistas de la historia. Y podríamos agregarle que la calidad de sus gobiernos o sus dirigentes estriba en su capacidad de interpretar sus necesidades, aspiraciones y deseos y facilitar la apertura de los cauces para su libre expresión.

¿Qué amalgama hizo posible ese patriotismo alegre, desacantonado y vital, esperanzado pero comprometido y por lo tanto esperanzador en los destinos de la nación? Ponga usted los acentos donde crea, ya que lo único irrefutable son los resultados, esta realidad.

Experimentados en vivir y luchar con dictaduras, con gobiernos antipopulares, habituados a gestos reflejos y meditaciones como oposición, sabemos que los descontentos y frustraciones acumulan como materiales explosivos en la conciencia del pueblo, hasta que se disparan en el momento preciso de su masiva expresión. Pero ahora estamos aprendiendo a calibrar como acumulan las transformaciones positivas, los avances en la distribución de las riquezas materiales y culturales, la puesta en valor del latinoamericanismo militante, cómo opera la manifiesta crisis del sistema imperial demostrando su debilidad e inconfiabilidad y sobre todo el desgaste de la abusiva prédica negativista descargada por la corporación mediática aliada a la oposición.

La propuesta del gobierno, amplia y generosa pero sin concesiones en su visión de la historia, en una apuesta cultural de masas sin precedentes, estuvo a la altura de un Bicentenario que reúne todas las condiciones de oportunidad histórica para el pueblo. Y entonces éste si hizo presente: se fundió con sus mejores artistas populares, se abrazó con los de los países hermanos, hundió en sus raíces su corazón y vibró con iguales y diferentes. Las minorías, desde los pueblos originarios hasta los hombres y mujeres con capacidades diferentes encontraron, atravesando las puertas del Bicentenario, las cualidades potenciadas y dispuestas de un pueblo sensible.

Sorprendió su patriotismo, que no perdonó ni dictadores ni ingleses, que honró a sus muertos y manifestó su conmovido respeto por las madres luchadoras. Los políticos más sinceros deberán tomar precisa nota, minuciosas de ser posible, de todos los signos y señales que el pueblo les ofrece.

No se trata de una encuesta que nos diga a quienes votarán en el 2011 sino con que conciencia y con quienes contamos para atrevernos a mas elevados desafíos y más profundas transformaciones.

Un acierto de sintonía fina tuvo el gobierno en la programación de los festejos, una inteligencia sutil y respetuosa al no “kirchnerizar” los eventos. Quizás faltó el remate de un discurso público de la presidente. Quizás.


Las comparaciones odiosas


Suelen ser casi siempre odiosas y generalmente injustas. Pero es necesario señalar algunas cosas: hubo dos Tedeums. El que organizó un Bergoglio furioso y despechado, pero en retroceso, juntando las hilachas de “su” oposición. Derrapó en lo intrascendente. En el otro Tedeum lo significativo fue su carácter interreligioso, un paso en dirección a la pareciera inalcanzable separación entre la Iglesia y el Estado. Pero no sucedió la esperada batalla de los Tedeums, fue tan sólo una escaramuza opacada por el imponente escenario que ocupó el pueblo del Bicentenario.

Algo parecido sucedió con el Teatro Colón aunque dio mas tela para cortar. No para rebajar la importancia indudable que tiene la remodelación de nuestro tradicional Teatro, ni para adherirnos a una superficial antinomia entre el Teatro Colón y la “Plaza”. Tengamos en cuenta que al Colón lo heredamos –de las élites desde ya- y hasta nos podemos sentir orgullosos de su historia y de su lugar en el mundo, sobre todo en la medida que podamos apropiarnos de su actualidad y de sus posibilidades. Porque si bien Mauricio Macri no es responsable del origen elitista del Colón (aunque sí su clase) si es dueño de su voluntad de resignificación. No es casual que en el escenario mayor de la 9 de Julio brillaran Fito Páez, Susana Rinaldi y León Gieco y en el Teatro Colón Ricardo Fort y Susana Jiménez. Y acá vemos como a veces es necesario comparar y no en el cálculo vano de si f ueron más al Teatro Colón o a la Plaza, sino en lo mas esencial como la dimensión artística: en el Colón importó quienes estaban, cómo vestían, quién los acompañaba mientras se ninguneaba el arte. En la 9 de Julio la potencia de nuestras raíces culturales y su fusión con la “gente”, bien vestidas con las escarapelas de la patria.

Pero el Teatro Colón dio lugar a otra odiosa comparación: a la que los “medios”, es decir las huestes de Magnetto, Ernestina de Noble y los Mitre quisieron establecer entre Jesucristo y Cristina Fernández de Kirchner. ¿Sería Cristina capaz de poner la otra mejilla y encaminarse a la reinauguración del Colón?

Por supuesto no podían decirlo así porque hubiera sido reconocer que Macri le dio una bofetada inicial. Pero era lo que pretendían. Para mí se equivocaron: los Kirchner no tienen, ni Néstor ni Cristina, el perfil de quien está dispuesto a marchar en crucifixión. Tampoco, a pesar de que abundan los confundidos, es posible identificar soberbia con dignidad. Por el contrario lo que necesita la nación es que quién se ponga a su frente no agache la cabeza ante los poderosos, no acepte las provocaciones y continúe ahora en este tercer centenario que comienza, el camino de la igualdad de sus ciudadanos, de la justicia para todos y la independencia nacional en el marco de la unidad latinoamericana.


El debate


El Bicentenario ha sido el momento propicio para el debate alrededor de la experiencia histórica, el papel de sus protagonistas, de sus verdaderos y falsos héroes, de los valores instituidos por los vencedores, del carácter de sus gestas y revoluciones. Debate en los cenáculos, en las cátedras, en Carta Abierta, en los medios y también en los cafés y en las calles: también el gobierno le dio al Bicentenario una impronta revulsiva, provocativa pero a la altura de las circunstancias nacionales y latinoamericanas. El Salón de los Patriotas Latinoamericanos inaugurado en nuestra Casa Rosada haría enrojecer de bronca a sus constructores, particularmente a Roca: los Túpac (Katari, Amaru) el Ché Guevara, Salvador Allende, Sandino, Eva Perón y todos los demás completan una obra simbólica y abren un horizonte cultural sin el cual ningún proceso de transformaciones tiene per spectivas de consolidarse. Muchos son los debates, muchos deberán ser los gestos simbólicos, muchas serán las batallas culturales para que el horizonte se amplíe hacia delante. No podemos ni debemos esperar gestos mansos ni dulces de la reacción. Pero será el pueblo el protagonista convocable, el que dirá la última palabra del ritmo y el rumbo de nuestra revolución.

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Bicentenario y proyectos políticos


Por Sebastián Artola

Lic. en Ciencia Política. Encuentro por el Proyecto Nacional


Las interpretaciones sobre el pasado no dejan de tener alguna ligazón con las posiciones del presente. Quienes añoran la Argentina del Centenario, o casualidad, se encuentran en la vereda de las variadas expresiones que hoy reniegan del actual curso de la política argentina. Es curioso. Desde el gobernador Binner, pasando por Carrió, también Cobos, hasta la dirigencia rural y Macri, todos realzan aquella argentina gestada al calor de la generación del ochenta.


Lo cierto es que el contraste entre 2010 y 1910 no puede ser más evidente.

El centenario se celebró bajo estado de sitio, represión y en medio de una huelga general, cuando hoy no podemos dejar de estar sorprendidos por las entusiastas multitudes de compatriotas de todo el país que desbordaron la Avenida 9 de julio.

Durante el centenario regía la Ley de Residencia, sancionada en 1902, que legalizaba la expulsión del país de los extranjeros “indeseables”, y dos días después de los festejos patrios, el 27 de mayo de 1910, se sancionaba la Ley de Defensa Social que prohibía, entre otras cosas, todo acto o propaganda de ideologías discordantes a las oficiales.

Hoy los derechos humanos son política de estado y estamos dando un paso trascendental en la profundización de la democracia al redistribuir la palabra y garantizar la pluralidad de voces a través de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

La Argentina del Centenario subordinaba su economía a los intereses imperiales de Inglaterra, exportando materias primas e importándolo todo. Mientras los propietarios de los latifundios tiraban manteca al techo, entre los asalariados y pobres del interior cundía la explotación, el analbafetismo, el hacinamiento y las enfermedades, como lo denunciaba Bialet Massé en su informe sobre la clase obrera argentina de 1904.

La argentina del presente vuelve a pensarse desde la integración regional y como nación latinoamericana, sobre la base de recrear un nuevo proyecto industrial con pie en el mercado interno, lo que ha permitido la autonomía frente a los organismos financieros internacionales y la notable recuperación del empleo y la disminución de la pobreza, en tiempos donde la crisis internacional no da respiro en el llamado “primer mundo”.

La Asignación Universal por Hijo es la política social más avanzada de las últimas décadas, promoviendo la escolaridad, la sanidad y la inclusión social de los sectores más postergados de nuestra sociedad.

Acaso la imagen del Teatro Colón y la del pueblo en la calle sintetice las posibilidades y disputas que atraviesan la vida política y cultural argentina desde su mismo nacimiento.

De ahí que este bicentenario nos encuentre más frente al espejo de mayo de 1810. Es la épica patriótica, americanista e igualitarista de los que gestaron nuestro primer grito de emancipación lo que hoy debemos reponer para recrear una ciudadanía militante que forje un horizonte democrático más pleno y nos permita profundizar la construcción de una patria de todos los argentinos.


www.encuentroproyectonacional.blogspot.com



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Utilizan el parquet para hacer asado


Por Hugo Presman


Las declaraciones del senador radical Ernesto Sanz, demuestran hasta que punto los prejuicios de clase gozan de buena salud.


El peronismo histórico implicó un período de enormes transformaciones. Se lo podía( debía) percibir, apreciar y apoyar en ese momento pero mirado desde la distancia de seis décadas, sus 10 años fueron notables. Incluso comparado con la década actual de Hugo Chávez en Venezuela, la comparación es favorable al movimiento conducido por Juan Perón, aunque la etiqueta de socialismo no estuviera en sus documentos.


Como todo proceso de cambios profundos, la crispación de la sociedad fue enorme. Nadie cede gentilmente sus privilegios. Sólo desde una visión deformada y falsa de la historia se puede sostener que cambios profundos pueden realizarse con el consentimiento de los poderes económicos afectados.


En esa sociedad dividida en dos, los poderosos celebraron el cáncer de Eva Perón y bombardearon Plaza de Mayo entre otros gestos y actos de comprensión y generosidad. Pero además franjas mayoritarias de clase media se sintieron asfixiados por la presencia de la nueva clase obrera proveniente de las migraciones internas.


Los descendientes de los derrotados en las guerras civiles argentinas del siglo XIX, se movilizaron, metieron las patas en la fuente y un 17 de octubre dieron nacimiento al peronismo. “Invadieron” Mar del Plata, accedieron al Colón, tuvieron vacaciones y aguinaldo, delegado gremial, dignidad, salud y educación y los sábados a la noche colmaban las calles de la ciudad cuyos presuntos propietarios la consideraban una prolongación de Europa en estas tierras bárbaras.


Había que denigrar a este nuevo actor social que tenía el tupé de considerarse un igual a cualquier otro integrante de la sociedad. Y así nació la leyenda que eran tan brutos que en las casas que recibían similares a las que poseían los integrantes de las clases medias, levantaban el parquet y lo usaban como leña para hacer asados. Muchos radicales de la estirpe de Silvano Santander o Ernesto Sanmartino se hicieron eco de la infamia.


Era un partido en los que se había extirpado en sus franjas mayoritarias la prédica y el accionar transformador y nacional de Hipólito Irigoyen. Ya habían desandado el camino del primer presidente radical popular y nacional integrando la Unión Democrática, apoyando a la Revolución Libertadora y luego siendo Ricardo Balbín el preferido de los que fusilaron en los basurales de José León Suárez, prohibieron toda mención al Partido Peronista y a Perón y Evita, intervinieron la CGT y ocultaron el cadáver de Eva Perón entre otras “hazañas”.


Luego desde un mentado democratismo fueron cómplices de la proscripción de las mayorías popular es. Al regreso de Perón, Balbín aceptó un acercamiento que de su parte intentaba morigerar las potencialidades transformadoras que encarnaba el movimiento del proscripto durante 18 años.


La habilidad de Alfonsín y su discurso amplio le permitió ganarle justamente por primera vez a un peronismo que cargaba con la hipoteca de López Rega y la Triple A. Los dos primeros años de su gobierno, pueden evaluarse como muy rescatables históricamente.


Luego sus limitaciones y un golpe de mercado permitieron que con Carlos Menem el justicialismo asumiera el gobierno y llegara a su degradación más profunda.

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Un esfuerzo por darle a la coyuntura una mirada mas larga


Por Lido Iacomini

Movimiento Patria Grande - Convocatoria Popular


1º) No es seguramente un ángulo objetivo mirar la elección de Néstor Kirchner al frente de la Secretaría General de la UNASUR desde las trincheras del oficialismo ni de la oposición. Creo que el mejor observatorio debe ubicarse en el lugar de las aspiraciones e intereses latinoamericanos y teniendo en cuenta el marco internacional. Es decir de un mundo signado por la aguda crisis provocada por el estallido de la burbuja financiera en el centro de la economía global y sus sucedáneos.

La elección de un Secretario General de la UNASUR corona una etapa de institucionalización de los esfuerzos de unificación regional, indispensable para profundizar el rumbo de autonomización sudamericano, superador de la larga historia de la dependencia y dique de contención ante los intentos restauradores del neoliberalismo.

No es un hecho casual que la reunión de los presidentes sudamericanos realizada en Los Cardales suceda en pocos días a la reunión del BRIC en Brasil, donde se han dado pasos para constituir una especie de FMI alternativo para los países emergentes. La confluencia de esfuerzos organizativos refleja la confluencia de intereses comunes: eludir los cimbronazos de la crisis de los países centrales, evitar ser los patos de la boda y encontrar los rumbos alternativos en la construcción de un mundo multipolar, más justo, equilibrado e igualitario.

Latinoamérica, tomada en su conjunto, se destaca por contar con los gobiernos más progresistas, avanzados y autónomos de las políticas de las potencias centrales. En su seno se han desarrollado experiencias inéditas de participación y lucha popular. Sus economías se han sustraído en buena medida de los rasgos más nefastos que imprimió la crisis en el mundo y tiene las condiciones económicas, políticas, sociales e institucionales favorables para constituirse en un polo de poder internacional que contrapese las presiones imperialistas, gravite en las negociaciones internacionales y pueda establecer vínculos y alianzas con otras potencias o polos de poder emergentes, para ir edificando, paso a paso, una arquitectura diferente (o alternativa) a la que ha guiado las relacion es internacionales (política y económicamente) en el período de dominio unipolar del mundo.

Las potencias centrales, en particular los EEUU, han defraudado las expectativas despertadas por su nueva administración de introducir cambios sustanciales, de políticas e instrumentos, como las regulaciones indispensables al capital financiero, los cambios de paradigmas en las organizaciones internacionales, la democratización de las estructuras económicas y políticas mundiales, la revitalización de la adormecida ONU, etc.

Como consecuencia de las primeras medidas adoptadas en el momento del estallido inicial de la crisis -por los mismos que la provocaron comenzando por George W. Bush – cifras inimaginables en millones de dólares fueron al salvataje del depredador sistema financiero hegemónico, para insuflarle una vida que no merece. Y así sigue en escena trabando los cambios que permitan el desarrollo de un nuevo paradigma e impidiendo la salida de la crisis. Y por ello nuevas manifestaciones de su vigencia, como la crisis griega y sus nada improbables ramificaciones hacia los eslabones más débiles de Europa, son observadas con preocupación por los pueblos del mundo, en especial las clases trabajadoras que manifiestan su solidaridad con la lucha del pueblo griego.

Desde este panorama global se puede inferir que la responsabilidad y la labor que se espera de la Secretaría General de la UNASUR, en realidad del conjunto de las naciones que la componen y de su cuerpo ejecutivo, es inmensa: articular e instrumentar las medidas mas concretas y urgentes, como el Banco del Sur, que miren hacia adentro de la región, al fortalecimiento de su trama económica, política y cultural que nos une y a proyectarse hacia el mundo como lo visionaron los grandes padres de la Patria Grande.

Toda mirada que privilegie los intereses facciosos de la lucha interna no comprende, o lo que es peor se opone a, los intereses estratégicos e históricos de nuestros pueblos. Desde ese lugar la oposición ha dado rienda suelta a opiniones miserables. En el oficialismo también aparecen voces y dudas signadas por las erróneas preocupaciones electorales y de corto plazo.

No cabe duda que la lucha política interna se proyectará sobre la gestión de N. Kirchner y no importando mucho lo que motive más al ex presidente sino a lo que suceda más allá de sus ambiciones y deseos. Es su oportunidad histórica para templar un carácter de estadista, complementario pero nunca supletorio de su garra combativa.

El proceso político latinoamericano e internacional están a su favor, pero en cuánto ésto pueda potenciarse es difícil de prever, y una parte de ello estará en su cualidad de conducción.


2º) Mientras tanto es indudable que su nombramiento se constituye en un dato a favor del gobierno de Cristina, que junto a varios otros, como el magma político provocado por las incapacidades de la oposición y los aciertos de las audaces medidas tomadas por el gobierno van regenerando lenta pero claramente perspectivas probables de triunfo para el proyecto en curso.

Generalmente impera una visión errónea de lo que le ocurre a la oposición: se dice que están divididos y se ancla en la pobreza política y conceptual de cada uno de los aspirantes al sillón de Rivadavia y la flacura de sus propuestas. En realidad si están divididos e imposibilitados de generar liderazgos es porque son sujetos pasivos de la debacle del modelo dependiente neoliberal. No pueden tener alternativas ni modelos ni proyectos sólidos porque ni sus mandantes ni sus socios los tienen. Porque frente a la crisis global – que no ha cesado de ninguna manera como lo evidencian los acontecimientos europeos- la única alternativa es la autonomía de los países centrales y la unidad de los latinoamericanos y otras naciones emergentes.

Es tentador analizar alguna variante para alumbrar esta tesis. Uno de los dirigentes más lúcidos de la derecha (no por ello menos nefasto) es Eduardo Duhalde. Quemado al extremo de ser el primer improbable próximo presidente, sin embargo tiene una vocación por la situación internacional que sus hermanos de la oposición demuestran no poseer. Amén de su tendencia a respetar en exceso al Departamento de Estado norteamericano, se manifiesta entusiasta de Lula, aunque seguro que votaría por Serra, ya que su camino para acercarse a los EEUU sería convertir a la Argentina en la centroderecha democrática de la UNASUR, con lo que rompería el equilibrio demostrado por la política exterior de Taiana. Por supuesto así le sería imposible conseguir la Secretaría General de la UNASUR. Su política industrial no lo alejaría de Brasil pero la experiencia de la lucha por la 125 demuestra la enorme dificultad de conjugar los intereses (como Duhalde promete) de la Mesa de Enlace con una UIA efectivamente representativa de los industriales y no como la actual, inclinada a la AEA.


3º) Los últimos hechos extraparlamentarios son de una importancia nada coyuntural, se inscriben en un proceso de largo plazo que en algunos casos culminan la “transición” democrática y en otros apuntan a las transformaciones estructurales, es decir delinean una Argentina que ha cambiado para poder estar en condiciones de atreverse a mas profundos cambios. Los juicios a los responsables de la dictadura en instancias decisivas, la detención de Martínez de Hoz que disloca la encerrona militar en la caracterización del “Proceso”, la llegada a la justicia de Macri, el desenlace probable del caso de los “hijos” de Ernestina Herrera de Noble, la inminente resolución de la Corte sobre la Ley de Medios y sobre todo l a asignación universal por hijo, que junto al nombramiento de Kirchner en la UNASUR son un paquete indicativo del cambio de época.


4º) El síndrome Alfonsín. Con los aciertos en la política internacional, con la Ley de Medios o con la mayoría de los hechos positivos del punto 3 (exceptuando la asignación universal por hijo) se puede decir que, a corto plazo, no se puede comer, educar ni sanar. Y esto es un drama no menor, cuando una empiojada oposición parlamentaria pelea con denuedo por retacear los fondos públicos, inutilizando los mecanismos e instrumentos con que debiera contar el gobierno para mejorar la vida material del pueblo, desarrollar su economía y achicar la brecha social.

Teniendo en cuenta que aún es enorme la deuda interna, los que menos tienen no se pueden conformar con los beneficios a mediano y largo plazo: éstos requieren una paciencia contradictoria con el descreimiento en la política, producto de décadas de frustraciones. Y son muchos los que menos tienen. El éxito de la asignación universal por hijo debe complementarse con mayores audacias distributivas que neutralicen los mecanismos inflacionarios con que los sectores concentrados de la economía recuperan sus tasas de beneficios y generan problemas en la relación entre el pueblo y su gobierno.

En ese sentido la autocomplacencia por los aciertos es soporífera y peligrosa. El pesimista “bicentenario” que hoy pregonan los medios y la oposición solo puede ser enfrentado con el optimismo de la lucha, el despliegue de fuerzas populares y su organización. Las movilizaciones que se han protagonizado estos meses son la mejor prueba de ello: ellas regeneraron la confianza y el optimismo y de ninguna manera lo fue el discurso negador de los ángulos oscuros de nuestra realidad. El campo popular se viene recomponiendo, reconstruyendo el activismo político y esto es hoy como dicen algunos una “minoría intensa”. No es poco pero necesitamos mucho más.

La oposición no logró mantener un activismo después de su “hora gloriosa” de la Recoleta. Sus partidos y organizaciones son hoy una entelequia mediática, pero pueden todavía darnos un susto ante posibles errores del gobierno, que se precipitan cuando a la reconquista del optimismo se le cuelan ciertas dosis de arrogancia.


5º) Los debates del Bicentenario no se pueden separar de ésta visión de la coyuntura: Carta Abierta ha elaborado una Declaración del Bicentenario de trascendencia histórica y conjuga su firma con un importante abanico de personalidades y organizaciones sociales y políticas, consolidando una trinchera cultural indispensable, que hace la diferencia en la lucha por los significados que hoy enfrenta al campo nacional con los medios concentrados dedicados a difundir el mensaje ideológico de la reacción. Mientras “Ñ” (del Grupo Clarín) contrapone su nostalgia de la paz y abundancia del Primer Centenario (la paz de la Ley de Residencia y la abundancia oligárquica del país agroex portador) a la decadencia, empobrecimiento y fragmentación del país del Bicentenario (Luis Alberto Romero – Ñ Nº 343 – Sábado 24 de Abril de 2010) Carta Abierta recoge las deudas de una revolución inconclusa en la exaltación de un Bicentenario con potencialidad de emancipación y Patria Grande, ubicando en su justo lugar a los verdaderos protagonistas –invisibilizados- de nuestra historia. El relato histórico cobra un nuevo sentido, reubicando los cauces que escudriñen muestro destino.

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La inflación: sus causas y los mitos


Por Isaac Grober

Contador Público y Magister en Economía

Miembro del Consejo Editorial de la Asociación Civil-Cultural Tesis 11


Confrontando con la orientación neoliberal se rebaten aquí sus mitos teóricos y de política económica, para terminar demostrando que la inflación es un mecanismo de apropiación monopólica de la riqueza social. El necesario enfrentamiento contra la inflación, más que técnico es político: ganar en correlación de fuerzas es el requisito para salir airoso. Propuestas en consonancia.

Definimos la inflación como aumento reiterado y generalizado de precios y lo diferenciamos de la variación puntual, aislada de la de unos u otros productos y/o servicios, alzas que pueden manifestarse sin que por ello se las encuadre como proceso inflacionario


Al abordar el tema de las causas de la inflación centraremos el examen de este fenómeno al que vive la economía argentina desde el año 2003. Circunscripto a este período, aislamos el campo sometido a examen y hacemos más comprensible la esencia de la ilustración al evitar la introducción de variables como el de las abruptas variaciones del tipo de cambio y su efecto sobre el costo de las importaciones o el de la saturación de la capacidad productiva de ramas vitales de la economía que, obligadas por ello a operar en forma ineficiente, descargarían su efecto sobre los costos de producción y los precios. Como ninguno de estos casos acusó existencia durante estos siete últimos años, tampoco puede pensarse que sean causales de peso del fenómeno inflacionario desde el 2003 para acá.


Adentrándonos ahora al por qué de la inflación y pasando revista a las explicaciones de los economistas y exponentes del pensamiento neoliberal, encontraremos que todos ellos coinciden en atribuirla al exceso de demanda de bienes y servicios por sobre la oferta.


Así, asentados en la “natural” ley de la oferta y la demanda quieren explicar el ritmo de los precios e inducir soluciones. Omiten que para su formulación teórica esa ley parte del supuesto de que todos los que acuden al mercado, tanto oferentes como demandantes, son entes atomizados, no hay monopolios ni oligopolios y ninguno de esos entes, aisladamente, tiene capacidad de incidir en los precios.


Para explicar causas, el neoliberalismo razona como si estuviéramos en los albores del capitalismo, época en la que nacen estas herramientas teóricas del análisis económico: si aumenta la demanda sin el correlativo aumento de la oferta, suben los precios y viceversa. Los precios son - según la ortodoxia y su visión del mundo real de hoy - función del juego de la oferta y la demanda.


RESTRICCIONES DE LA OFERTA


En cuanto a la oferta, la primera falacia de su razonamiento radica en su generalización, porque no diferencia la envergadura del ofertante ni el sector o rama desde el que actúa.

Veamos: el exceso de oferta por sobre la demanda tiene efecto deprimente sobre los precios sólo y por razones obvias, en el caso de productos perecederos y en general también en el caso de oferentes o etapas corporizadas en las pymes. Téngase presente que éstas son empresas de una acotada dimensión como para soportar el peso de los gastos fijos ante la caída de ventas. Más aún, si se deprime la demanda y por tanto las ventas, las pymes podrán contener el avance y hasta reducir los precios, pero lo normal es que en el ciclo siguiente reduzcan la producción y por tanto la oferta.


Pero las empresas concentradas de la producción y de la comercialización, por tener clientela cautiva y dominio del mercado - lugar común en la estructura argentina - no tienen necesidad de sujetarse a esa misma regla en relación a los precios. Tampoco tienen necesidad de bajarlos, ni lo hacen, por el hecho de realizar inversiones y aumentar la oferta. Más aún, cartelizan el mercado y los precios con sus escasos competidores de peso equiparable, si los tienen.


En general y a este nivel, ni la mayor inversión ni el aumento de la oferta aseguran la contención de los precios. Suena por eso risible argumentos como que la falta de reglas claras y de incentivos y el clima hostil hacia los negocios, tan en boga cuando se trata de endosar su propia responsabilidad al gobierno, son causas de la insuficiente inversión generadora de riqueza como freno a la inflación.


EL EXCESO DE DEMANDA


El crecimiento del gasto público es para el neoliberalismo el responsable del crecimiento de la demanda y con ello, el otro motor de la inflación.


Caen en la volteada la obra pública, los salarios estatales, los aumentos a los jubilados, la asignación universal por hijo, los subsidios directos e indirectos al consumo popular y la intervención directa del estado cuando sustituye a la gestión privada como operador económico, gastos éstos que terminan siendo financiados, según acusan los ideólogos neoliberales, con déficit fiscal, con emisión monetaria, con uso “indebido” de reservas internacionales, etc. Por eso, simplificando, el manejo monetario “imprudente” es para ellos determinante de la inflación.


Va de suyo que el mayor gasto público dinamiza la demanda agregada y por tanto al mercado interno. Sin embargo surge el interrogante de por qué debe potenciarse la suba de precios por el sólo hecho de una mayor demanda sin la existencia de cuellos de botella en áreas vitales de la estructura de la oferta que fuercen una producción ineficiente y por tanto a costo más alto.


En otras palabras, si no existe crecimiento de costos, por qué la mayor presión de demanda, por qué la mayor disponibilidad de dinero en manos del público y de las empresas, se debe traducir en crecimiento de precios.


Y acá la respuesta que queda es una y única: el mayor poder de compra en el mercado, que en principio se expresa como mayor demanda, como avidez por adquirir los bienes y servicios, es la condición para hacer realidad la apropiación privada de la riqueza social por parte del vendedor, apropiación que se hace viable a través de la suba de precios.


Este instinto por la apropiación privada de la riqueza social, es propia del capitalismo y de todos los empresarios, cualquiera sea su nivel. En la competencia por subsistir, hay que crecer, hay que ser más, ganar más, tener más capital. La diferencia está en quien reúne las condiciones económicas para traducirlo en hechos. Y las mismas razones que expusimos al analizar la posibilidad de variar los precios con los cambios de oferta, esto es las restricciones que enfrentan las pymes para “comandar” la suba de precios, se reproducen aquí cuando examinamos la posibilidad de asumir esa iniciativa en correlación con el crecimiento de la demanda. En general las pymes reaccionan como reflejo y resultado de lo que a ellas les impone como proveedor o demandante el capital concentrado, verdadero formador de precios y apropiador principal de la riqueza social. Más sencillo, la inflación es uno de los mecanismos para la obtención de una ganancia extraordinaria y su resultado termina siendo la apropiación monopólica del producto social.


Que ni el crecimiento de la demanda ni la menor oferta son por sí mismas las responsables de las alzas lo prueba el ritmo de los precios del 2009. Fue un año con caída del crecimiento por efecto de la crisis mundial, con mayor desempleo y del empleo informal, con reducción de ventas, con aumento de la capacidad ociosa y significativas bajas en los precios internacionales de muchos insumos. Sin embargo los índices de inflación, tanto oficiales como los de consultoras privadas fueron los más elevados desde el 2003 en adelante.


Lo preocupante de este enfoque es la política económica “correctiva” que de ella se deriva: reducir en parte el gasto público y en parte recurrir al endeudamiento, deprimiendo el mercado interno , el nivel de ocupación y las condiciones de vida de la mayoría del estamento popular, incluidas amplias porciones de las capas medias. Es el conocido ajuste, el enfriamiento de la economía. Es el camino a la crisis que se termina expresando en destrucción de fuerzas productivas, en exclusión, más pobreza y desigualdad y en mayor concentración.


Así, con el enfoque neoliberal se Identifica el efecto – aumento de la demanda por efecto del crecimiento del gasto público - con la causa de la inflación, mientras que ignoran olímpicamente a la causa y al beneficiario real: la concentración y el manejo monopólico del mercado, que en períodos de expansión se apropia vía precios de la riqueza social y lo hace vía mayor concentración cuando por las políticas de ajuste que propicia se desemboca en la recesión.


OTRAS CAUSAS, OTROS MITOS Y LAS REALIDADES


Con el descrédito hacia los índices del INDEC, ha recobrado impulso la vieja teoría que pretende que las expectativas, exacerbadas ahora por la falta de datos ciertos y creíbles sobre la evolución de los precios, son responsables de la inflación.


Pero la remarcación de precios, amplificando los saltos para cubrir riesgos, el “como no saben, se cubren y suben, por las dudas”, no es más que una ratificación de la existencia de la puja por la distribución de la riqueza, convertida ahora en la teorización de un pretexto para endilgar a la gestión gubernamental la responsabilidad de las alzas.


Esto, más allá del significativo costo político por la falta de credibilidad de la información estadística oficial y sus efectos negativos sobre otros aspectos de la vida económica y política, tampoco tiene mayor relevancia ni fáctica ni explicativa de la magnitud de las variaciones y sus causas. De lo contrario deberíamos suponer que de regularizarse la situación del INDEC se desaceleraría el índice de precios al consumidor por la mejora de las expectativas.


Del mismo tenor es la pretensión de atribuir las alzas de precios a los ajustes salariales, capacidad que se le atribuye con mayor énfasis y no por casualidad, en períodos previos a las convocatorias a paritarias. Y el mito debiera desaparecer si se hiciera carne en la conciencia - como está demostrado - que la incidencia del costo laboral en el costo total representa por lo general menos del 10 %, ponderación que se minimiza más todavía en los estamentos más concentrados, sumado al hecho de que tales ajustes tienden en general a recuperar la inflación pasada. No obstante se ajustan preventivamente los precios antes de las paritarias y luego otra vez con los acuerdos ya firmados. Primero, porque el costo salarial va a aumentar y después porque ya aumentó.


Pero lo que sí no es mito es el uso de los precios con finalidades políticas, sea para condicionar la política del gobierno, sea para ponerlo de rodillas, para desgastarlo ante la opinión pública y si es necesario y las condiciones lo permiten, para voltearlo. Hoy diríamos, acortando el discurso, causa destituyente de la inflación. Ejemplo incontrastable de ello es, por ser el más notorio pero no un caso aislado ni exclusivo, la hiperinflación que obligó al acortamiento del gobierno de Alfonsín, sucedido por el menemato con la partitura neoliberal a pleno bajo la dirección intelectual del FMI y con Cavallo como primer violín.


PROPUESTAS


Por lo analizado hemos concluido en afirmar que la inflación es la apropiación monopólica del producto social, apropiación de la que resultan tributarios el grueso de las clases y capas sociales.


Es por lo mismo – se sea consciente o no - una contradicción o conflicto objetivo entre la fracción económicamente más concentrada y el resto de la sociedad y su resolución o al menos el camino para enfrentarla, más que técnico es político: obliga a emprender medidas regulatorias y de acción directa del estado de neto corte antimonopólico, pero cuyo alcance y profundidad y también su éxito está condicionado a la correlación de fuerzas.


Una primera y vital política regulatoria debe apuntar a asignar al costo de producción local el carácter de patrón de referencia para la fijación de precios dentro del mercado interno. No alcanza el método aislado de la “apretada” y de medidas de acción burocrática.


Dentro de este orden, las empresas tanto de producción como de comercialización que por su envergadura y actividad ocupan espacios estratégicos y dominantes en el mercado y quieran o puedan acceder por ejemplo a créditos a tasas subsidiadas o a medidas promocionales y de fomento, deben tener condicionado el mantenimiento de esos beneficios al cumplimiento de compromisos de abastecimiento al mercado interno, sujetos a parámetros de precio, cantidad y calidad. Y para quienes no recurran a la obtención de ventajas promocionales o también como medida adicional, poner en vigencia una sobretasa impositiva al impuesto a las ganancias o crear un nuevo impuesto, gravámenes de los que esas empresas quedarían liberadas en la medida que satisfagan plenamente aquellos compromisos.


Derivado de aquella primera política regulatoria debe también contemplarse el desacople de los precios internos respecto de los internacionales para los productos que Argentina exporta y que también consume, como es el caso de los agropecuarios y los energéticos.

Es en parte lo que está en vigencia por vía de retenciones a la exportación y los subsidios otorgados para evitar la remarcación de precios o tarifas. Pero aún así, tanto las retenciones como los subsidios toman hasta ahora como referencia los precios internacionales y no los costos locales de producción.


Para este objetivo una acción más definitoria es la reimplantación de las Juntas Nacionales de Carnes y de Granos con capacidad de concentrar la comercialización y distribución de la producción agropecuaria, fijando precios rentables para los productores atendiendo a su región y tamaño y preverse la participación de los auténticos productores en la dirección de esas Juntas.


Con el mismo espíritu debe repotenciarse una empresa estatal de hidrocarburos para así tener cabal dominio sobre el nivel de las reservas y con condiciones de reinvertir en beneficio de otros emprendimientos y por ende a favor de la sociedad la renta extraordinaria derivada de la explotación y comercialización de los recursos.


Finalmente y con el título de requisito esencial, el combate contra la inflación requiere un respaldo de masas organizadas y militante. No es posible enfrentar con éxito a los monopolios para acotarles parte de su renta extraordinaria con simples acuerdos de precio y acciones burocráticas. Es imprescindible la acción vigilante de las comisiones sindicales internas en las grandes empresas, que son los que mejores condiciones reúnen para supervisar anormalidades en la producción y el abastecimiento y que contratando profesionales pueden investigar los costos. Hay experiencia internacional que lo avala.


Debe reestructurarse también el régimen de comercialización interna que con la estructura y operatoria actuales terminan confiscando al productor y al consumidor. Es necesario repotenciar la organización cooperativa de producción y en particular la de comercialización de productos agrarios y la de sus insumos.


Operando de este modo contra la inflación, también daremos paso a una profundización de nuestra democracia, haciendo escuela para elevarla desde su actual carácter esencialmente delegativo vía representación, en democracia de gestión participativa.

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